Antonia y su viaje de refujiada.
Hace más de 15 años, estudiaba fotografía analógica en la universidad. Nunca imaginé que esa pasión inicial por el arte se convertiría en algo tan integral. Esa pasión es ahora una parte fundamental de mi vida. En ese momento, no decidí ser fotógrafo. Sin embargo, fue una de las cosas que más disfruté durante mi tiempo en la facultad de cine. Recuerdo claramente las clases con el profesor Eliumen Triana. Era un defensor tenaz del negativo. Él siempre criticaba la fotografía digital. La comparaba con la comida rápida. Hoy, parece que había algo de verdad en sus palabras.
Una de las lecciones que nunca olvidaré fue cuando nos mostró el trabajo de Richard Avedon. Me impactó cómo lograba llevar a personas comunes a un contexto de modelaje. Conseguía hacer que brillaran como estrellas de cine o rockstars. Ese poder de transformación fue lo que más me fascinó.

«Un sentido de misterio»
Casi 20 años después, en un taller titulado «Un sentido de misterio», dirigido por Juliana Gómez, redescubrí ese poder. Juli hablaba sobre cómo ciertas imágenes tienen una fuerza intensa que resuena en nuestro subconsciente. Fue entonces cuando pensé en las imágenes que solo podía ver en mi mente. Las fotografías de Avedon volvieron a mí, Recordé esos días en la universidad, jugando con la luz en el laboratorio. Inspirado por esto, decidí imitar su estilo. Esto se convirtió en la excusa perfecta para un proyecto en el que había estado pensando desde hacía mucho tiempo.
Quiero hablarles de Antonia. Hace 37 años, dejó el Alto Baudó, Chocó. Huyó de la violencia, que ya entonces marcaba la región. El conflicto en la zona ha sido una constante desde finales de los años 80. En esa época, grupos armados ilegales comenzaron a surgir. Ellos disputaban el control territorial y de las economías ilícitas.

La violencia del Alto Baudó
Desde 1987, miles de personas han sido desplazadas forzosamente de sus hogares en Alto Baudó. Solo en 2024 se reportaron al menos 3.157 víctimas de desplazamiento forzado, muchas de ellas pertenecientes a comunidades indígenas. La situación en la región ha sido crítica durante décadas. Esto ocurre por la presencia de grupos armados como el ELN. También están el Clan del Golfo y las disidencias de las FARC-EP. Estos grupos han mantenido un conflicto permanente. Luchan por el control de rutas estratégicas para el narcotráfico. También compiten por la explotación ilegal de recursos naturales.
A pesar de estas dificultades, Antonia es madre de dos hijos. También es responsable del cuidado de su propia madre. Ella ha luchado por salir adelante. Con mucha tristeza, evita mirar hacia atrás y deja en el olvido la tierra que la vio nacer. Se ha adaptado a Medellín tan rápido como pudo. Sin embargo, también ha sido víctima de la delincuencia común en la ciudad. Los llamados Combos le arrebataron una de las casitas que intentó construir en el barrio San Antonio.
«Los que huyen de la guerra no son inmigrantes, son refugiados. Hay una diferencia entre buscar una vida mejor y salvar la propia vida.»
Limpiando casas y ahora modelando
Conocí a Antonia cuando alquilé un apartamento. La dueña me dijo: «Se lo alquilo, pero ella debe seguir viniendo a limpiar». Yo estuve de acuerdo. Fue así como nos volvimos amigos.
La imagen latente me llevó a pensar. Quería hacer esas mismas fotos que había visto en el trabajo de Avedon. Entonces, decidí proponerle a Antonia una idea: en lugar de ir a mi casa a limpiar, podría ganar algo de dinero trabajando como mi modelo por un día.
Capturar momentos y miradas, inspirado en el estilo de Avedon. Y cuando le pregunté qué pensaba de todo esto, me miró seriamente y dijo: «Todo es posible, Pipe.» Esa sesión cambió la forma en que Antonia se veía a sí misma. También reafirmó mi creencia en el poder transformador de la fotografía. Como fotógrafo, le di vida a una imagen que, a su vez, transformó una parte de mi vida.











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