Nací y crecí en Bogotá en 1984, y trabajé durante mi adolescencia en el centro de la ciudad. Mi padre tenía una tienda de telas y paños, y yo le ayudaba a atenderla. Desde siempre he sabido que Bogotá es tierra de oportunidades. Vivíamos en el sur de la ciudad, a 20 minutos del centro. Comienzo con esto porque la película Bogotá tierra de últimas oportunidades está narrada en esa época. Me conecté mucho con ella. ¡Habitamos casi los mismos lugares de la ciudad y compartimos mundos sociales similares! ¡Mi padre comerciaba desde la Novena hasta San Andresito, de arriba pa’ abajo! ¡La Candelaria, Las Cruces, Teusaquillo… Parce, me emocioné!

Me atrevo a decir que la película tiene, por momentos, un tono de documental que me parece muy interesante. Retrataron el corazón de la ciudad de manera genial. Además, grabaron en lugares que son, en mi opinión, difíciles para rodar y que ilustran cómo Bogotá es tierra de últimas oportunidades, únicas aunque escasas. Ver Las Cruces, la Avenida Comuneros y la Circunvalar me divirtió un montón. Estas calles estuvieron presentes en gran parte de mi vida.
Una ciudad de oportunidades escasas
En la película Bogotá tierra de últimas oportunidades Es sorprendente ver lo bonitos que se ven estos barrios. «Y pensar que me avergonzaba de nombrarlos con algunas personas…» ¡Un poco de clasismo en mi círculo social! Como saben (o si no saben), Colombia es una sociedad clasista. Tal vez ahora menos, pero en esa época, ¡mucho!
VIOLENCIA EN COLOMBIA
Una mirada extranjera de nuestros conflictos.
La introducción del personaje de Guk Hee y su familia es bastante emocionante y agitada. De entrada, Bogotá los recibe un poco agreste, como a veces puede ser, y me hace reflexionar sobre el hecho de que hoy en día sigue siendo así en la tierra de últimas oportunidades. Pero bueno, esa es, desde mi perspectiva, el tono documental de la trama.
Hay un tema que se toca en la película que me llama la atención. El sentimiento de extrañeza que yo sentía cuando veía personas asiáticas era muy marcado. Esto me hace pensar en lo cerrada o falta de diversidad con la que crecí, y seguramente muchos crecimos. No sé si tal vez hubo un error cuando nos enseñaron la canción infantil:
«uno de estos animales no es como nosotros, es diferente de todos los demás«.
Recuerdo muchas veces que esa canción se usaba para hacer sentir mal a las personas. No estábamos de acuerdo con ellas. Más allá de los temas evidentes como la lucha y la esperanza, me puse a pensar. También pensé en lo difícil que es llegar a un país tan diferente. Pensé en lo duro que es adaptarse a Bogotá, tierra donde encuentras las últimas oportunidades. Me cuestioné lo que significa dejar todo atrás. Allí, nadie te va a entender o aceptar. Pensé que en mi educación y mi juventud tuve momentos de clasismo. También de racismo y xenofobia, de los que no era consciente en ese momento.
Estoy emocionado de que mi familia vea esta película. Siento curiosidad por lo que van a sentir, especialmente mi padre. Tal vez se sentirá, como yo, orgulloso de la manera como durante años habitamos ese mundo posible. Habrá una identificación muy especial con Bogotá, la ciudad de las últimas oportunidades. Seguramente va a disfrutar mucho la historia.
Acostumbrados a los muertos
Siempre he notado esa tendencia de ver la violencia en Colombia como parte de nuestra cultura. Esa es otra de las reflexiones que he venido haciendo. No solo con esta película. Ya hace un rato. La realidad es que sí somos un país acostumbrado a los muertos, las balas y la violencia contra las mujeres. También estamos acostumbrados a la desigualdad. Solo debemos mirar lo que acaba de pasar en Catatumbo. Durante años, ha pasado en Chocó o en Córdoba. La imposición del poder y el silenciamiento con balas y machete de quienes reclaman derechos, justicia y una vida digna. Y bueno, si eres colombiano, sabes de lo que hablo. Vivir aquí es hermoso y difícil. Yo no diría que Bogotá es la tierra de últimas oportunidades. Yo diría que Colombia es la tierra de últimas oportunidades.
Sé que en algún punto, siendo optimista, nos vamos a unir como sociedad. Vamos a rechazar ver la violencia como algo normal. Vamos a respetar las culturas de otros países y abrazar nuestra diversidad y la de los demás. Vamos a querernos y respetarnos unos a otros. Seremos amables y nos miraremos a la cara, no solo a través de Netflix.





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